Recordatorio.

Pero me hablé en voz alta diciéndome que ahora podría aguantar todo, que sí merecía cosas mejores, que no tenía por qué pasar por eso, que no tenía razón de forzar algo que no era natural, que si no era, tenía una razón y que confiaba en que las cosas serían como debían ser, que no necesito ningún cariño más que el que yo me puedo dar, y no podría hacerlo si dejaba que él siguiera viviendo en mí.

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Pena negra.

Tengo una pena negra que me llena el alma

Me consume, me destruye.

Abrázame fuerte y no me sueltes

Quiero que me hundas de una vez

Que termines con mí ser, que me condenes.

Mátame pronto, envuélveme  tu manto oscuro

Encógeme, asfíxiame.

Quiero morir en ti, que me mates,

Yo no tengo el valor para hacerlo por mi cuenta.

Mata esta parte de mí, la que te ama, porque yo ya no la quiero.

Consume hasta el último aliento de esa mujer,

La que es débil y cae frente a tus pies.

Déjala morir junto a ti, mas al resto,  déjalas vivir.

Te libero de mí, de mis locuras, de mis demonios

Me libero de ti, de esta ilusión, de este miserable amor.

Ventana.

Miro otra vez por la ventana de siempre, la luna de la madrugada lanza destellos que me hacen notar los detalles que antes no había percibido de esta tan tranquila habitación, las cosas están igual, en el lugar de siempre pero en el fondo todo parece ajeno. ¿Cuál es la velocidad en la que caen mis lágrimas en este instante? Giro mi cabeza y te veo, dormido, sin preocupaciones, dolor, ni rencor. ¿A qué velocidad debo vivir para poder verte siempre así? ¿Cuánto durará este sueño? Estos pequeños momentos en donde escapo de mi realidad.

No estoy segura en que momento noté que todo era una gran mentira,  que era una agónica ilusión que terminaría cuando abrieras tus ojos nuevamente, que cuando tu descanso termina, mi sueño muere. No recuerdo cuando llegue la a deprimente o quizás esperanzadora comprensión de que la mayoría de las cosas se irán perdiendo. De que todo cambia y desaparece, de que el mundo avanza y de que tu mirada ya no es la misma, de que el tiempo corre y me estoy quedando atrás, de que la rutina consume al mundo y de que yo jamás encajaré en él.

Esta tarde, ya es tarde.

Hera estaba confundida otra vez, nuevamente sentía que una parte de su corazón se volvía débil y que su alma estaba vulnerable, no podía entender a  Adrasto antes creía que lo conocía totalmente pero con cada nueva cosa que pasaba lo encontraba más ajeno, más lejano, cada día le importaba menos y eso en parte, le dolía. Hera había estado ocupada toda la mañana, ni siquiera había tenido tiempo para comer algo, su cabeza estaba a punto de explotar, pero aún seguía trabajando, esperaba ver a Adastro en la tarde y para eso debía esforzarse, quería que fuera una sorpresa, pero Hera nunca recuerda que las sorpresas nunca  le funcionan.

Té.

El agua estaba hirviendo, no me agrada tomarme el té demasiado caliente, pero por un impulso esta vez llené la taza. El vapor salía de esta, acariciando mi cara; proporcionándome una sensación cálida que pronto se transformaría. Como sabía que no sería capaz de soportar la temperatura me decidí esperar lo suficiente para poder apreciar su sabor, aunque de un momento a otro, sin darme cuenta, este se enfrió… quizás esperé demasiado, tal vez me distraje en otras cosas y dejé de prestarle atención a la taza (la cual pasó desapercibida justo a mi lado) quizás fue un error esperar a que la temperatura fuera perfecta, quizás debí arriesgarme y beberlo así como lo preparé, pero probablemente me habría quemado y temía salir lastimada por algo que tenía que ser agradable, por eso esperé, pero no me di cuenta que debía seguir atenta a su temperatura, no pensé en la posibilidad de tomarlo lento, y apreciar cada trago y la calidez que me podría otorgar, sólo deseaba que fuera perfecto, y fue justo ahí, que noté mi error, cuando ya era demasiado tarde. Miré la taza, con cierta culpa, la tomé y me di cuenta que la calidez que sentí en un principio había desaparecido, pensé en calentar el té, pero en el fondo sabía que su sabor nunca sería igual, me sentí nostálgica, realmente deseaba que fuera perfecto, intenté beberlo frío, pero su sabor era totalmente diferente a lo que esperé, estaba amargo, sabía que corría ese riesgo, no me gusta endulzar el té con nada, porque su sabor cambia, ya no es natural, supongo que era lo que tenía que pasar, miré la taza mucho tiempo, pensando qué hacer con ella, no quería botar el líquido que ella contenía, ya que tenía muchas expectativas en él, pero sabía que era lo mejor, la tomé y fui lentamente a la cocina, cual persona llevando a su amado a un funeral y finalmente lo vacié, vi como este se iba lentamente por el alcantarillado y la tristeza me invadió, sabía que ya no había vuelta atrás, aunque usara la misma bolsa, intentando igualar su sabor no lo conseguiría, me di cuenta (tras muchos intentos) que entre más intenté estrujar la bolsa, menos color daba en cada intento y supe que debía dejar de insistir, porque si seguía así, ya no quedaría nada más, dejé la taza que usaba siempre, y compré una nueva, comencé a tomar café. De vez en cuando, utilizo mi vieja taza del té, me siento un poco triste, un poco melancólica, el sabor del té ya no es el mismo, la calidez que me proporcionaba ya no es como antes, quizás la taza está vieja, el agua es diferente, pero de todas formas, hay veces en que sólo deseo una taza de té.

Conversaciones.

-¿Otra vez estas aquí no?

-¿Así es como recibes a una vieja amiga que te viene a visitar?

-Bueno, me incomoda cuando llegas sin avisar, no me gusta cuando me interrumpes y llegas como si fuera tu casa, espero que no lo hayas olvidado pero este ya no es tu hogar.

-Si lo sé, pero me gusta venir a visitarte de vez en cuando, no quiero que me olvides.

-Sería mucho mejor que vinieras y me llevaras de una vez contigo, estas visitas ocasionales son mucho peor de lo que crees, realmente no me gustan.

-Tranquila, no seas tan impaciente ni me tengas miedo, solo vine a ver cómo estaba tu vida, quizás le faltaba algo de emoción.

-Ese es el problema, no necesito ni quiero que le vengas a dar emoción a mi vida, y no te creas muy especial, no te tengo miedo, solo… me aburres.

-Está bien, entiendo cuando no me quieren en un lugar, me iré, pero prometo que la próxima vez que regrese, te irás conmigo ¿si?

-Creo que no entiendes muy bien cuando no te quieren en un lugar, sino no te habrías dignado a cruzar el portal de mi mente nuevamente, pero bueno, agradezco que esta vez hayas entendido rápidamente que tu presencia no es necesaria en este lugar, espero que cumplas tu promesa, siempre mientes.

-Es que cuando vengo no te veo muy segura de querer irte conmigo, pero no seré considerada para la próxima, hasta pronto.

-No necesito consideraciones de nadie, pero te comprendo, gracias, nos vemos.

Tiempo.

Los cielos que alguna vez estuvieron despejados ahora son una tormenta después de esta despedida. Debido al tornado en mi corazón, todo se ha vuelto un completo desastre. Pero aun así, recuerdo las manos de ese hombre, eran muy cálidas. A partir de ahora, no habrá otra vez que esas cálidas manos toquen mi cuerpo, ni que pueda sostener sus manos junto a las mías ¿no?

 

Así, te escribo a ti, aún sabiendo que nunca lo leerás, pero si existiera la más mínima y extraña posibilidad de que estas palabras lleguen a ti te digo que incluso si escuchas que he muerto, finge que no lo sabes, ya que quizás, vendrías donde estoy, aunque creo sinceramente que como me siento ahora es peor que el infierno, peor que estar muerta.